Escrito por Luz Categoría: AMBIENTE
Publicado en 24 Noviembre 2011 Impactos: 4267
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La primavera silenciosa en el sureste mexicano
Ana de Ita


Las abejas y las 40 mil familias que en México las crían están en serio riesgo por el avance de los cultivos transgénicos de los últimos años. La señal de alarma la detonó el 6 de septiembre pasado el Tribunal Supremo de Justicia de la Corte de la Unión Europea (UE), al sentenciar que la miel y los complementos alimentarios que contienen polen derivado de un organismo genéticamente modificado (OGM) son alimentos producidos a partir de OGM que no pueden comercializarse sin autorización previa”. Esta medida no puede considerarse proteccionista, ya que la regulación también la deben cumplir los apicultores europeos.

En México se producen alrededor de 57 mil toneladas de miel y se exportan cerca de 30 mil; el destino más importante es Europa, principalmente Alemania. Pero durante 2011 la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), escudada en la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados, autorizó a Monsanto la siembra piloto de soya transgénica Roundup Ready, resistente a herbicidas, para 30 mil hectáreas en la península de Yucatán, 12 mil en Chiapas, 4 mil en las huastecas de Tamaulipas, San Luis Potosí y Veracruz.

Campeche, Yucatán y Quintana Roo son la principal región productora y exportadora de miel, con prestigio internacional por sus floraciones únicas. En ella se concentra al mayor número de apicultores: 25 mil de ellos mayas, que además de producir miel se alimentan a sí mismos y a sus familias a partir de una agricultura diversificada.

En Chiapas, 85 por ciento de los cerca de 2 mil productores son pequeños y crían abejas en combinación con la agricultura. Estos estados son de los más importantes en la producción de miel orgánica.

La miel como fuente de producción, ingreso y forma de vida campesina está amenazada por las pretensiones de las agroindustrias de hacer crecer los desiertos verdes de la soya y el maíz transgénico en el sureste, pero también en las huastecas y otros muchos estados.

La soya transgénica es dependiente del glifosato –herbicida considerado altamente tóxico–, pero además utiliza agroquímicos como atrazina, endosulfán, clorpirifós, cipermetrina, imidacloprid, tiram, carbendazim, muchos de ellos prohibidos en la UE y otros que han producido la pérdida de miles de colmenas en Estados Unidos y Francia.

Para que la soya genéticamente modificada sea rentable es necesario sembrarla en extensiones compactas, de ahí que la expulsión de campesinos a través de la renta o compra de sus parcelas va de la mano del avance del monocultivo. En este año, de las 30 mil hectáreas autorizadas en la península, lograron plantar 14 mil, casi todas controladas por productores de fuera, que operan esquemas de agricultura por contrato.

Ya que la soya no es un cultivo tradicional en la región, su avance se da a costa de otros, principalmente del maíz de temporal. Los mapas presentados por Monsanto para solicitar los permisos abarcan una enorme superficie de la península, en la que la siembra de soya transgénica puede expandirse cuando llegue a la etapa comercial.

Además, la Sagarpa apoya el cultivo de la soya convencional o transgénica con programas de subsidios públicos. En 2011 garantizó a los soyeros un precio mínimo por tonelada de 4 mil 690 pesos, en tanto el programa de reconversión productiva propone cambiar los cultivos de granos básicos, que según sus criterios tienen “bajo potencial productivo”, a oleaginosas, para lo cual otorgó un susbsidio de 30 por ciento del costo del paquete tecnológico, hasta 750 mil pesos por productor.

De ahí que tanto la Sagarpa como la Secretaría de Economía intenten soluciones frente a la sentencia europea que no impliquen cancelar los permisos de soya transgénica, tal como demandan apicultores y científicos, sino sacar al enemigo y acogerse a los páneles de disputas por obstáculos al comercio en la Organización Mundial del Comercio. Pero el problema no es que Europa prohíba la comercialización de la miel OGM, sino que exige únicamente etiquetarla, en tanto los consumidores europeos han decidido libremente no consumirla.

Los apicultores mexicanos necesitan el apoyo de toda la sociedad para impedir el avance de los cultivos transgénicos en México, antes que mañana la primavera silenciosa sea una cruel realidad.

Transgénicos contra la apicultura

Silvia Ribeiro*

A los muchos impactos negativos que conllevan los transgénicos, se suma ahora el golpe contra la producción apícola nacional, porque la miel está contaminada –o podría estarlo en el futuro cercano– con polen transgénico. Es otra tragedia anunciada –como la contaminación transgénica del maíz y otros cultivos– que las autoridades mexicanas decidieron ignorar, para favorecer las ganancias de unas pocas transnacionales.

En esa misma línea, Juan Elvira, Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, afirmó recientemente que se podrían sembrar grandes superficies de maíz transgénico en el norte del país, sin colocar en riesgo los maíces nativos o la biodiversidad. Un aporte más al concierto de falsedades que repiten las autoridades de que los transgénicos servirían para aumentar la producción o para enfrentar el cambio climático, cuando la realidad –no los mitos y la propaganda pagada– muestran lo contrario.

El tema de la contaminación transgénica de la miel se puso de manifiesto luego de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea sentenciara el 6 de septiembre 2011 que la miel que contenga más de 0.9 por ciento de polen transgénico deberá ser etiquetada como producto que contiene transgénicos, o si contiene polen transgénico de variedades no autorizadas para el consumo humano (como el maíz Bt Mon810 de Monsanto ) no se podrá comercializar.

El caso fue presentado por un apicultor de Baviera, Alemania, cuyas colmenas se contaminaron con polen de maíz Bt Mon810 proveniente de un cultivo experimental, es decir, ni siquiera por grandes superficies, y supuestamente, en condiciones de "bioseguridad".

En México, gracias a los dictámenes de la Semarnat y la Sagarpa, se han aprobado 19 siembras experimentales de maíz transgénico que contienen ese cuestionado gen Mon810, así como decenas de miles de hectáreas de otros transgénicos que amenazan la biodiversidad, el futuro de la apicultura mexicana y a las miles de familias campesinas que dependen de ella.

Con este trasfondo y con gran preocupación, la Organización Nacional de Apicultores (ONA) convocó el 9 de noviembre 2011 el Foro "Organismos genéticamente modificados y su impacto en la apicultura", con el apoyo de la Comisión Especial de Seguimiento a las Evaluaciones del Programa Especial Concurrente para el Campo, de la Cámara de Diputados. En el evento expusieron diversos expertos en los temas de transgénicos, biodiversidad y apicultura. Monsanto fue invitada al panel pero no se presentó, solamente se le ve en foros empresariales y de altos niveles políticos, donde asisten sus aliados y los que podría comprar en el futuro. En el foro de la ONA los asistentes eran mayoritariamente apicultores campesinos –sus próximas víctimas.

Al igual que en el caso del maíz, más del 80 por ciento de los productos apícolas en México son campesinos que usan métodos tradicionales. La polinización que hacen las abejas es un elemento fundamental de la producción agrícola y de la biodiversidad.

Miguel A. Munguía de la sociedad cooperativa Educe de Yucatán, explicó que México es el tercer exportador de miel a nivel mundial y 40 por ciento de ésta se obtiene en la península de Yucatán, zona donde el 98 por ciento de la miel se exporta a Europa, proveyendo sustento a 25 mil familias campesinas, en las épocas de mayor necesidad, cuando baja la producción de cultivos.

En esa zona se han aprobado en los últimos años varias experiencias con transgénicos, en áreas cada vez mayores. Para 2011-2012, Monsanto solicitó la siembra piloto de 30 000 hectáreas  de soya transgénica en varios municipios de producción apícola campesina ("piloto" es un eufemismo, en realidad es comercial porque es a campo abierto y se puede vender). Esto equivale a condenar a muerte la exportación de miel desde esas áreas.

Además de la contaminación de miel por polen transgénico, que se aumentaría exponencialmente en el caso del maíz, los transgénicos también aumentan el uso de glifosato y otros agrotóxicos que dañan la producción apícola y la biodiversidad, además de contaminar tierra, fuentes de agua y tener impactos severos a la salud de los pobladores, especialmente de los niños.

En el foro se presentaron también datos científicos basados en el análisis de más de una década de producción en Estados Unidos, el mayor productor mundial de transgénicos,  que confirman que la soya transgénica produce menos que la híbrida. En el caso del maíz, la producción es similar a la de los híbridos, pero el precio de la semilla y los riesgos a la biodiversidad son mucho mayores.  Además, la producción actual de maíz en México es sobradamente suficiente para las necesidades alimentarias de la población y también gran parte de la pecuaria y otros usos. Las importaciones de maíz transgénico son solamente por la demanda de transnacionales de la industria pecuaria que operan en México, y no serían necesarias si la producción pecuaria  fuera en pequeña escala, con forrajes diversificados.

Se aportaron muchos más datos , pero a modo de resumen, se mostró claramente que los transgénicos no se necesitan, que no producen más, que usan más tóxicos y que colocan en riesgo el maíz en su centro de origen, la biodiversidad y ahora además, la apicultura y la miel, un importante producto de exportación del país. Por todas estas razones, los apicultores se suman a la vasta mayoría de la población que exige que se deben frenar los transgénicos en México.

*Investigadora del Grupo ETC

Publicado en el Periódico la Jornada.

 

Senado solicita permitir siembra de maíz transgénico

Piden a la Semarnat y Sagarpa liberar los permisos para la siembra experimental en Sinaloa, Sonora y Tamaulipas

Ciudad de México | Jueves 24 de noviembre de 2011

Notimex | El Universal

El Senado de la República pidió a la Semarnat y Sagarpa liberar los permisos para la siembra experimental de maíz transgénico en los estados de Sinaloa, Sonora y Tamaulipas.

 Además, citó a una reunión de trabajo el 30 de noviembre a los secretarios de Agricultura, Francisco Mayorga, y de Medio Ambiente, Rafael Elvira Quesada, para informar de las solicitudes y permisos presentados para cultivar maíz genéticamente modificado.

 El debate del dictamen originó una discusión entre senadores del PRI y el PAN, quienes aseguraron que el consumo de los transgénicos no causa daños a la salud humana.

 Mientras legisladores del PRD afirmaron que puede afectar a quienes los ingieren.

 Así, la senadora del PRI, Amira Gómez, recordó que el Congreso aprobó una ley que regula la siembra de transgénicos y ya se cultiva soya y algodón y se importan muchos productos genéticamente modificados.

 Advirtió que mientras en México se está negando el cultivo en su fase piloto de 22 hectáreas en Tamaulipas, en Estados Unidos se siembran 64 millones de hectáreas; en Brasil y Argentina más de 21 millones de hectáreas; en India, 8.4 y en Canadá 8.2.

 Sin embargo, la autoridad ha sido omisa en aplicar esta ley y ha impedido la experimentación y comercialización del maíz transgénico, en perjuicio de los productores y de la posibilidad de alimentar al país con este producto, añadió la priista.

 Gómez Tueme advirtió que "no podemos permitir que en aras de intereses personales o particulares se quite a los productores el derecho a elegir lo que deseen cultivar, siempre que sea lícito".

 A su vez, el presidente de la Comisión de Agricultura y Ganadería, el senador panista, Alberto Cárdenas, aseveró que no hay evidencia de que los transgénicos dañen la salud humana.

 En nombre del PRD, el senador Javier Castellón, indicó que el asunto puede esperar porque el tema es sensible y aún se discute en la comunidad científica mexicana el impacto que pudiera tener el cultivo de maíz transgénico en la salud y en el medio ambiente.

 Por su parte, el también legislador del PRD, Antonio Mejía Haro, se pronunció en contra de la siembre en México del maíz transgénico, ya que no se garantiza un control absoluto de su cultivo y cualquier agricultor podría llevarlo a otra entidad con graves consecuencias.

 "No debemos poner en riesgo la biodiversidad del país ni la salud pública, porque no hay evidencia científica que asegure que el consumo de maíz transgénico no afecte la salud humana!, insistió.El Dr. Antonio Turrent comenta sobre la promoción de maíz transgénico que hace Elvira Quesada (Semarnat), quien ignorando los argumentos técnicos y científicos promueve la siembra de dicho grano en 2 millones de hectáreas sobre todo en el norte del país.

 

OPINION DEL DR. ANTONIO TURRENT

Angélica Enciso en La Jornada de hoy cita propuesta del Secretario Elvira Quesada (Semarnat) para la seguridad alimentaria de maíz, dadas la severidad de la sequía que azota al centro y norte del país y la insuficiente producción nacional.

Tiene razón el Secretario Elvira Quesada en que la situación es de gran apremio. Propone como solución “sembrar maíz transgénico en 2 millones de hectáreas bajo riego en el norte, donde hay menos razas nativas de maíz”. Parece ignorar el Secretario Elvira Quesada que la subregión del norte en que se siembran 1.7 millones de hectáreas de maíz bajo riego, es parte de una región más amplia en la que por lo menos 5 grupos étnicos manejan 29 razas nativas de maíz bajo temporal (¿son pocas?).

Argumenta que la biotecnología es la solución al problema del país. El Secretario Elvira Quesada también parece ignorar varias verdades sobre la oferta actual de maíz transgénico que la industria multinacional le oculta:

1) sus híbridos transgénicos no superan en rendimiento a sus propios híbridos no transgénicos, que actualmente se siembran en gran fracción de los 1.7 millones de hectáreas de maíz bajo riego, o de híbridos nacionales,

2) su oferta tecnológica actual no incluye maíces “resistentes a la sequía”, que siguen pregonando como promesa en México y en otras partes del mundo,

3) los maíces transgénicos son también presa de la Evolución Darwiniana que conduce a superplagas y supermalezas de manera acelerada (10 años en Sudáfrica y en Argentina), y

4) cada vez se acumula más evidencia en el mundo científico independiente del riesgo para la salud por el consumo de maíz transgénico. Yo no me puedo imaginar a los nenes, a las mamás y a los mayores de edad mexicanos tomando atole transgénico ¿Usted sí?

Antonio Turrent Fernández
Investigador Nacional Emérito
Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad

 

 

 

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